El verano ya está aquí. Al menos, en el hemisferio norte.
Para darle la bienvenida, les «regalo» este breve relato. Lo escribí hace ya algún tiempo y, como siempre digo, tiene sus imperfecciones —como cualquier obra literaria que se precie—. Sin embargo, me parece oportuno compartirlo hoy con ustedes.
Pasen y lean.




Qué recuerdos de esos veranos en pueblos pequeños donde todo era más sencillo. En mi caso, un camping de la zona de León donde cada año podías encontrarte a gente conocida y gente nueva, donde podías ir en bici hasta el centro sin miedo a que un coche te llevara por delante, la carnicería y la pescadería no tenían puerta y sí cortinas de eslabones metálicos de colores, y los cómics de Mortadelo y Filemón costaban 300 pesetas.
Seguro que ahora, si volviera a ese lugar, todo me parecería muy diferente. Y aun así, seguiría teniendo esa magia de los pueblos en verano.