Quiero confesarles que me he copiado de Luis Orlando León Carpio. Él dice que va a rescatar algunos de los textos que escribía en su antiguo blog y que los va a ir publicando en Substack.
Yo, con su permiso, voy a hacer lo mismo, pero con alguno de mis escritos.
Eso no es plagio, ¿no?
Antes de hacerlo, quiero contarles un poco sobre mi andadura como escritora.
Yo empecé hace cosa de tres años y por casualidad. Durante todo este tiempo, he escrito mucho (al menos, si lo comparo con mi vida anterior).
Al principio, me quería comer el mundo y participaba en todo tipo de concursos literarios que solo me servían para darme cuenta de que están hechos —al menos, en su mayoría— para los familiares de los que los convocan.
(Ya me estoy imaginando sus caras e, incluso, sus pensamientos: «Claro, como esta no ha ganado nada, se dedica a desprestigiar a los demás»).
Ya no me enrollo más. Lo prometo.
El relato corto de hoy es fruto de esa fiebre que me dio por los concursos literarios. Antes de escribirlo, les aseguro que nunca en mi vida había oído hablar de la pelotamano.
Si les ha entrado curiosidad, siéntense y acomódense.
Saluditos




Me ha encantado que lo hayas tan rápido jaja podemos hacerlo un trend en Substack.